El Zorro y la ardilla

“Si conocieras el tiempo tan bien como lo conozco yo – Dijo el Sombrerero-, no hablarías de derrocharlo como una cosa. El tiempo es una persona. (De Alicia en el país de las maravillas)”.

La ardilla y el zorro 60×80 2016

“Si conocieras el tiempo tan bien como lo conozco yo – Dijo el Sombrerero-, no hablarías de derrocharlo como una cosa. El tiempo es una persona. (De Alicia en el país de las maravillas)”.

Dentro de un contexto influenciado por Lewis Carroll, este autorretrato cuenta una época congelada en el tiempo, habla del presente con elementos que evocan al pasado.

Sin ubicación, con niebla, aparentemente frio pero con vida, aparezco retratada en la edad de uno de mis primeros recuerdos, dispuesta a sumergirme en la laguna de mi psique e investigar que hay debajo de ese espejo circular.
La vida y lo muerto, los peces de colores, el lodo y las algas, lo que flota y lo que se ha quedado posado con el tiempo.
Como una bandera, un himno o una cicatriz en mi propia piel, los animales reflejan etapas pasadas, periodos transitados que quedan inmortalizados en mi recuerdo con la figura de un gato, un erizo, un zorro o una ardilla.
Animales que, no solo son característicos del lugar donde proceden, sino que además, por alguna razón, sobresalen de los demás, ya sea por su apariencia, personalidad, o la circunstancia en la que yo me haya relacionado con ellos.

Las etapas están bien diferenciadas por lugares. Cada entorno ha creado un animal que me acompaña, algunas veces me guían y otras me hacen desviarme del camino, pero todos forman parte de mis decisiones
En esta escena un zorro y una ardilla presencian el paisaje. Acompañan a la niña, son parte de ella; él, con aspecto fuerte y autosuficiente, que lleva en su espalda a ella, graciosa y pequeña, plantada encima del lomo, prolongándose y formando un tótem.

Este entorno envuelve al espectador. La niebla y la composición circular atrapa la mirada de este, que es directamente pinchada con la mirada de la niña, que le mira, llamándole a entrar en escena y desafía a bucear en mi/su laguna interior.

Si pensamos o creamos nuestro propio “Alicia en el país de las maravillas”, podríamos aprender muchos sobre nosotros mismos.
Empuja hacia la fantasía, hacia lo íntimo más calmado, a hacer una reflexión en tono pausado y detener por un instante los recuerdos, mirarlos con los ojos de un explorador equipado con traje de baño y equipo de buceo.

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